CARTA ABIERTA DEL VI CONGRESO MISIONERO GUATEMALTECO.
El VI Congreso Misionero guatemalteco realizado en Zacapa, Guatemala del 14 al 16 de noviembre 2025; siguió el método del ver, juzgar y actuar, que el Santo Padre Papa León XIV reafirmó en su mensaje dirigido a los participantes al congreso que eran delgaciones de todas las Iglesias particulares de Guatemala, encabezadas por su obispos presentes en todo el encuentro que reflexionó sobre una Iglesia sinodal, profética y misionera.
Minutos antes de la misa de Clausura, el Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Rodolfo Valenzuela Núñez, Monseñor Antonio Calderón Cruz, Secretario General de la misma y el Padre Elder Pineda, Vicario de Pastoral de la diocesis de Zacapa, presentaron el mensaje del Congreso en una Carta abierta del VI Congreso Misionero guatemalteco.

El Mensaje de los participantes en el Congreso, fue dirigido Al Pueblo de Dios que peregrina en Guatemala, a nuestros hermanos y hermanas de todos los pueblos, y a todas las personas de buena voluntad.
Los participantes al VI Congreso Misionero guatemalteco proponen la construcción de una Iglesia Sinodal, Profética y portadora de esperanza. Recuerdan con las palabras del Papa León XIV que la misión es identidad antes que tarea. La carta afirma que La Iglesia existe para evangelizar acompañando la vida concreta de los pueblos. Así mismo que la esperanza es necesaria fundamental en todo tiempo, de manera particular en tiempos de realidades como las nuestras. La carta añede: Durante estos días hemos caminado como Peregrinos de Esperanza, escuchando el clamor de nuestras comunidades, recordando a quienes sembraron el Evangelio en esta tierra y renovando nuestra decisión de encarnarnos en la historia de Guatemala, como Jesús en Nazaret. Aun entre heridas y sombras, constatamos que la esperanza no es un privilegio, sino una urgencia vital para nuestro pueblo.
Desde el ver del primer dia del Congreso se lanza la mirada sobre la situacion actual de Guatemala: Guatemala vive una hora decisiva. La corrupción, la impunidad, la violencia, la exclusión histórica de los pueblos indígenas, la migración forzada y la devastación ambiental han quebrado el tejido social.
Ante esa ralidad lacerante aparecen tambien signos de luz: Pero también descubrimos signos luminosos: comunidades resilientes, jóvenes que sueñan, mujeres que luchan, pueblos que resisten y semillas de bien que brotan silenciosas. En este tiempo, la Iglesia está llamada a ser luz, sal y levadura, caminando con una espiritualidad sinodal que transforme la realidad desde dentro, con memoria agradecida y con una presencia humilde, cercana y profética.
En siete puntos centrales, la carta abierta del VI congreso Misionero define el mensaje presentado en siete puntos centrales.
Una Iglesia que sueña y camina con su pueblo como peregrina de esperanza. Iglesia sinodal, discípula de la escucha, que no cierre los ojos ante el sufrimiento ni se encierre en miedos o estructuras autosuficientes. que discierna con serenidad, dialogue con respeto y acompañe con ternura, más que imponer o controlar. Desde esta construcción, el Congreso propone: fortalecer espacios de encuentro, escucha y discernimiento donde todos —pueblos originarios, mujeres, jóvenes, laicos, consagrados y ministros ordenados— participen con voz y responsabilidad real.

Una Iglesia misionera que se atreve a salir y encarnarse.Evangelizar hoy requiere valentía, cercanía y sensibilidad. La misión es caminar entre el pueblo con los pies polvorientos y el corazón encendido; pero también exige una palabra profética firme, nacida del sufrimiento de los pobres y del rechazo a todo aquello que los oprime: la injusticia, la corrupción, la indiferencia y los sistemas que deshumanizan. La misión es encarnación: vivir con, desde y para el pueblo; es profecía que defiende la dignidad y que mantiene viva la memoria de quienes entregaron su vida por la justicia, como San Romero de América, los mártires de Quiché y tantos testigos cuya voz sigue despertando la conciencia de nuestro continente.
Los pobres: corazón del Evangelio y fuente de esperanza. Queremos una Iglesia que se deje evangelizar por los pobres, que abrace a las víctimas y defienda la tierra. Una Iglesia que fortalezca la Pastoral Social como expresión del amor que se organiza y que asuma con valentía la denuncia de aquello que destruye la vida. Nos preocupa la casi nula presencia de cristianos conscientes en los espacios de decisión pública; por eso afirmamos que la fe no puede vivir de espaldas a la justicia.
Una Iglesia intercultural, participativa y encarnada en los pueblos. Desde el reconocimiento de los pueblos de Guatemala: queremos una comunidad eclesial donde todos puedan servir y aportar, donde mujeres y jóvenes sean protagonistas reales, y donde la pastoral se encarne en las culturas, acogiendo sus símbolos, arte, ritos y celebraciones que sanan y unen.
Una Iglesia intercultural escucha el grito de la tierra y de los territorios heridos, y promueve la defensa de la vida en todas sus expresiones.
Formación integral y conversión pastoral desde la escucha y la memoria.No hay misión sin formación. Necesitamos discípulos misioneros que integren fe, justicia y compromiso con la historia de su pueblo. El Papa León nos invita a una formación integral: humana, comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral; una formación que conduzca al encuentro con Cristo, renueve la mirada y fortalezca la comunión.

La conversión pastoral implica pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral en salida; de repetir actividades a discernir procesos; de estructuras rígidas a comunidades vivas; de estilos autorreferenciales a servicios corresponsables que fortalezcan la vida de las comunidades.
Una esperanza que se hace proyecto de vida para Guatemala. Proclamamos la esperanza que no defrauda: una esperanza que mira la realidad de frente y la transforma desde dentro. La esperanza se hace profecía cuando se traduce en participación, compromiso y acciones concretas en el mundo del trabajo, la vida pública, los movimientos populares, las redes sociales, y en las comunidades indígenas y campesinas donde tantas veces nuestra presencia es insuficiente. La Iglesia está llamada a ser faro de justicia, fraternidad y reconciliación. El Espíritu nos impulsa a ir a las periferias: cárceles, aldeas, fronteras, comunidades migrantes, barrios olvidados y periferias digitales. La esperanza se construye con gestos concretos de solidaridad y compromiso.
Llamado final: caminar y construir juntos. El Congreso dice: No permitan que les roben la esperanza; no se acostumbren a la injusticia ni dejen que el miedo paralice la misión. . La fe no puede encerrarse en los templos: debe hacerse vida en la esfera social, económica y política, porque seremos juzgados por el amor hecho justicia. Somos enviados hoy a anunciar, servir, sanar, escuchar y levantar a este país herido. Invitamos a todos a caminar como misioneros de esperanza hacia una Guatemala más fraterna, justa, solidaria y en paz. Queremos ser parte activa de esta reconstrucción espiritual, social y moral, guiados por el Espíritu.
Lea y descargue aqui el mensaje íntegro del COMGUA IV.



